Servicio de Asesoría Metodológica

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31/5/11

Método y Metodología

La ciencia es un tipo  particular y específico de conocimiento,
caracterizado por una serie de cualidades. Para lograr un conocimiento de
tal naturaleza, o sea, para hacer ciencia, es preciso seguir determinados
procedimientos que nos permitan alcanzar el fin que procuramos: no es posible
obtener un conocimiento racional, sistemático y organizado actuando de
cualquier modo: es necesario seguir algún método, algún camino concreto que
nos aproxime a esa meta. [Precisamente la palabra método deriva del griego y
significa li- teralmente Acamino para llegar a un resultado."]
    El método científico, por lo tanto, es el procedimiento o conjunto de
procedimientos que se utilizan para obtener conocimientos científicos, el
modelo de trabajo o secuencia lógica que orienta la investigación científica. El
estudio del método Bo de los métodos, si se quiere dar al concepto un alcance
más generalB se denomina  metodología, y abarca la justificación y la
discusión de su lógica interior, el análisis de los diversos procedimientos
concretos que se emplean en las investigaciones y la discusión acerca de sus
características, cualidades y debilidades.
    Sin embargo en el lenguaje cotidiano, y aún en la terminología que se sigue
frecuentemente en el mundo  académico, la palabra metodología se utiliza
también muy extensamente en sentidos diferentes, opuestos a veces al
anterior: se habla así de Ametodología de la investigación" para hacer
referencia a los pasos y procedimientos que se han seguido en una indagación
determinada, para designar modelos concretos de trabajo que se aplican en
una disciplina o especialidad y también  para hacer referencia al conjunto de
procedimientos y recomendaciones que se transmiten al estudiante como parte
de la docencia en estudios superiores. También suelen designarse como
métodos a los estilos de trabajo peculiares  de cada disciplina Bcomo cuando
hablamos del Amétodo antropológico"B  y a las formas particulares de
investigación que se utilizan para resolver problemas específicos de
indagación, como cuando aludimos al  Amétodo cualitativo", el Amétodo
experimental" o el Amétodo estadístico". [La mayoría de estos métodos deben
considerarse, en propiedad, como modelos o diseños típicos de investigación.
El lector advertirá, sin mayor dificultad, lo confuso que todo esto resulta. Pero
es en vano que nos lamentemos de esta curiosa situación, de que no se
emplee una conceptuación clara y precisa en el campo en que BprecisamenteB
se requeriría con mayor necesidad: hay usos aceptados del lenguaje que, por
la amplia extensión que poseen, son casi imposibles de modificar. Desde estas
páginas recomendamos asignar al concepto de método el significado general
de modelo lógico que se sigue en la investigación científica.  En cuanto al de
metodología, pen- samos que lo más adecuado es considerarla como el
estudio y análisis de los métodos, reservando los términos  técnicas  y
procedimientos para hacer alusión a los  aspectos más específicos y

concretos del método que se usan en  cada investigación. Pero esta
recomendación general, tomando en cuenta la observación anterior, deberá
siempre seguirse con bastante flexibilidad, adecuándola a las circunstancias de
cada caso: no tiene mayor sentido entablar discusiones, que suelen tornarse
interminables, por simples problemas terminológicos. Más importante es que
asignemos a cada término un significado preciso en cada trabajo o exposición
que hagamos.
    El método, en el sentido que acabamos de mencionar, se refiere entonces
directamente a la lógica interior del proceso de descubrimiento científico, y a él
le corresponden no solamente  orientar la selección  de los instrumentos y
técnicas específicos de cada estudio sino también, fundamentalmente, fijar los
criterios de verificación o demostración de lo que se afirme en la investigación.
Si quisiéramos ahora ser más concretos debiéramos dedicarnos a responder
una pregunta crucial: )Cual es, o cómo es, el método de la ciencia? Pero aquí
nos encontraríamos con una seria dificultad: no investigan del mismo modo el
astrónomo y el economista,  el historiador o el químico, el antropólogo o el
bioquímico. La experiencia histórica muestra, además, que los procedimientos
de la ciencia cambian con alguna frecuencia, porque son distintos los
problemas que se van planteando en el desarrollo de las disciplinas y porque
también las técnicas y los instrumentos concretos evolucionan, a veces con
gran rapidez.
    La historia de la ciencia permite  afirmar que el método, como camino que
construye el pensamiento científico, se va constituyendo, en realidad, junto con
ese mismo pensamiento, indisolublemente unido. Es falsa la imagen que nos
presenta el método como un todo acabado  y cerrado, como algo externo a la
práctica cotidiana de los investigadores, por cuanto él está estrechamente
unido a los aportes, teóricos y prácticos, que se van realizando. La ciencia no
avanza por medio de un proceso mecánico, como si bastara con formular un
problema de investigación,  aplicar el método correcto y obtener el resultado
apetecido. La investigación es un proceso creativo, plagado  de dificultades
imprevistas y de asechanzas paradójicas, de prejuicios invisibles y de
obstáculos de todo tipo. Por ello, la única manera de abordar el problema del
método científico, en un sentido general, es buscar los criterios comunes Blas
orientaciones epistemológicas  de fondoB que guían los trabajos de
investigación.
    Uno de los elementos más significativos en todo el pensar científico (aunque
no exclusivo de él) es el esfuerzo por la claridad en la conceptuación, tal como
lo veíamos en el anterior capítulo. Decíamos que, sin un  trabajo riguroso en
este sentido, era imposible formular  con precisión hasta la más simple
observación que pudiera servir de base para elaborar cualquier desarrollo
teórico.
    Pero este es sólo un primer elemento. El análisis del pensamiento científico
permite afirmar, además, que el método de la ciencia se asienta en dos pilares
fundamentales: por una parte en un constante tomar en cuenta la experiencia,

los datos de la realidad, lo que efectivamente podemos constatar a través de
nuestros sentidos; por otro lado en  una preocupación por construir modelos
teóricos, abstracciones generales capaces de expresar las conexiones entre
los datos conocidos.  Entre estos dos elementos debe existir una
concordancia, una adecuación, de modo tal que el  modelo teórico integre
sistemáticamente los datos que se  poseen en un conjunto ordenado de
proposiciones. Esto nos remite, como enseguida veremos, al decisivo concepto
de verificación.
    Como forma general, toda investigación parte de un conjunto de ideas y
preposiciones que versan sobre la realidad Bsobre hechos y fenómenosB y sus
descripciones y explicaciones. El científico, por más que esté persuadido de la
verdad de estas proposiciones, no las podrá sostener hasta que, de algún
modo, puedan ser verificadas en la práctica. Ello supone entonces que todo
problema de investigación debe ser explicitado en términos tales que permitan
su verificación, es decir, su comprobación o rechazo mediante la prueba de los
hechos. Dicho de un modo más concreto, una proposición es verificable
cuando es posible encontrar un conjunto de hechos, previamente delimitados,
que sean capaces de determinar si es o no verdadera. Así, si sostenemos que
el peso específico del mercurio es 13,6 veces mayor que el del agua, estamos
en presencia de una proposición verificable, por cuanto es perfectamente
factible, por medio de una sencilla operación, determinar que la afirmación se
cumple. En cambio al decir ADios creó al mundo" no estamos frente a una
afirmación científica, por cuanto no es  posible refutar o corroborar lo dicho
mediante datos de la experiencia.
    Un tercer elemento que creemos preciso incluir como integrante, en todos
los casos, del proceder científico, es el uso sistemático de la  inferencia, o
razonamiento deductivo. Inferir significa sacar consecuencias de un principio o
supuesto, de modo tal que dichas conclusiones deban ser asumidas como
válidas si el principio también lo es.  Así, por ejemplo, es posible reconstruir
totalmente el esqueleto de un ictiosaurio a partir de algunas pocas piezas si se
conocen algunas características generales de la disposición ósea de los
vertebrados, o es factible deducir la hipótesis de la expansión del universo por
el corrimiento de las franjas espectrales de la luz de las galaxias hacia el rojo,
según analogía con lo que ocurre a otros cuerpos observados en la Tierra. La
inferencia opera durante la  investigación, por lo general, de la siguiente
manera: una vez formulada una hipótesis se deducen de ella
posibles consecuencias prácticas que son luego, a su vez, sometidas a
verificación. La hipótesis misma no  se prueba, no se confirma, sino las
consecuencias deducibles de ella. A este tipo de razonamiento operacional se
le llama Amodelo hipotético deductivo". [V. Popper, Karl, Op. Cit..]
    No creemos oportuno, en un trabajo introductorio como éste, hacer un
análisis más exhaustivo de los problemas metodológicos de la ciencia. Pero no
podemos concluir este capítulo sin agregar dos cosas: la primera, bastante
obvia, es que el lector se remita a la bibliografía especializada Bsobre filosofía,
epistemología e historia de la cienciaB cuando tenga dudas sobre estas

complejas materias: no es posible adquirir un cierto dominio sobre ellas si no se
las estudia con paciencia, consul-tando  la amplia variedad de ideas ya
expresadas por tantos autores. La segunda observación tiene mas bien la
forma de una advertencia, y está especialmente dirigida a los estudiantes y a
quienes se inician en el camino práctico de la investigación científica.
    Existen docentes y autores que tratan de presentar al método, quizás con la
mejor intención pedagógica, como una  especie de camino seguro y cerrado,
como un conjunto de pasos sucesivos de obligatorio cumplimiento. Esta
manera de ver las cosas, como dijimos líneas más arriba, queda
automáticamente refutada al hacer el más  somero repaso de la historia de la
ciencia o al comparar el modo,  a veces bastante divergente, con que
investigadores de diversas disciplinas  encaran en la práctica su trabajo. Pero
existe otro argumento que permite apreciar la falacia lógica que encierra ese
modo de concebir el método científico:  si existiese un método único, que
pudiese definirse como verdadero de una  vez y para siempre, habría que
aceptar que el mismo nos  garantizaría la resolución automática de todos los
problemas. No habría entonces ninguna dificultad metódica y el conocimiento
progresaría en línea recta, haciéndose ociosa toda discusión acerca de su
carácter y de su validez. Pero esto, evidentemente, no se corresponde con la
realidad.
    Ello es así, en última instancia,  porque el método, en sí mismo, no es Bni
puede serB demostrable o verificable.  Sostener lo contrario derivaría en un
razonamiento circular, en un obvio sin  sentido lógico pues, si el método nos
garantiza un pensar científico )qué método garantizaría a su vez al mismo
método? Nos encontraríamos pues en una regresión hasta el infinito. De modo
que la postura más razonable parece ser la de aceptar que el método científico
no puede ser, intrínsecamente, demostrado científicamente. Es por este motivo
que la metodología no es, estrictamente, una disciplina o ciencia particular que
posea un cuerpo propio de conocimientos. Debe considerarse en cambio como
una reflexión sistemática, útil, sin  duda, pero cuyos productos no pueden
equipararse a los de las afirmaciones verificables de la propia ciencia.

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